martes, 24 de septiembre de 2013

Eduardo:
    ¿La filosofía en sí, es algo serio para ti?
Alejandro:
    La filosofía en sí, sí me parece algo valioso, sobre todo como auto-poiesis, como Aristóteles al final de la Ética. En ocasiones la academia se trata de todo menos de esto.
Eduardo:
    Pero ¿no que estabas en contra de la filosofía como algo edificante? Si la filosofía sirve por su capacidad de darnos eso, pareciera que es su único valor.
Alejandro:
    Es una buena pregunta. Hegel dice que la filosofía no debe ser edificante y kierkegaard dice que él no es filósofo al ser edificante. Ahí se tiene que hacer una distinción: el contenido de la filosofía no puede ser edificante, porque si no el filósofo se vuelve pastor. Sin embargo, en el filosofar hay edificación aunque la filosofia en sí sea sobre el conocimiento la actividad filosófica; el filosofar es el que se vuelve edificante.
Eduardo:
   Suena interesante, aunque tengo mis reservas....sobre todo porque si el carácter edificante de la filosofía se da sólo como un añadido, plenamente subjetivo, que sobreviene a la actividad de filosofar, en primer lugar no es posible quejarse del actuar de los demás, pues puede que sí se estén edificando aunque uno no lo sepa. Esto abre la puerta a que se edifiquen filosófando independientemente del contenido con otras actividades.
Alejandro:
    Es verdad no es posible quejarse de lo que los otros hagan pues estarías pasando juicios morales sobre los demás, juzgando su subjetividad y eso no se puede hacer porque no es posible ver la subjetividad ajena como enseña Temor y temblor. También es verdad que cada persona puede edificarse con actividades ajenas a la filosofía, aunque la filosofía sería de acuerdo a Aristóteles la actividad edificante por excelencia. Él mismo dice que hay edificación en el ejercicio de cargos públicos, pero que esto no es tan perfecto como el filosofar. Las consecuencias que sacas me parecen acertadas pero no creo que invaliden el punto.
Eduardo:
    ¿Tú piensas que toda la academia debería ser abolida o es un mal necesario? 
Alejandro:
    Tiene que existir para la enseñanza de la filosofía y haya apoyo a la investigación, en la medida de lo posible, pues la academia se dedica más a la docencia.  Pero la falacia que hay, me parece, es que se suele confundir filosofia con academia como si ser filósofo fuera ser académico. Esto no es el caso. Incluso hay una confusión peor: que ser filosofo es ser docente. La docencia es solo una actividad filosófica, pero a veces se piensa que lo es todo. Me molesta que se asuma que para ser filósofo se implique forzosamente el gusto por impartir clase y la búsqueda de plaza. Yo caí en esa falacia y quizá esto es más una rabia contra mi mismo que contra la sociedad, aunque la sociedad lo impulsa.
 Eduardo:
    Es cierto. El sistema del mundo académico de alguna manera ha hecho que nos resulte imposible pensar que alguien pueda volver a ser filósofo como Schopenhauer, Kierkegaard o Nietzsche.  Ahora si no se está en el mundo académico, uno se vuelve popularizador de ideas o rockstar, pero no alguien que deje un legado duradero a la filosofía. La mayoría de los mortales si queremos hacer una contribución, tenemos que hacer trabajo hormiga, apoyándonos seriamente en la muy inestable y no siempre amigable estructura de la academia. Veo las cosas en términos de una comunidad de sapiencia, y de exposición a contenidos. Si se lee continuamente el trabajo de los demás sobre un tema, asistiendo a conferencias sobre el mismo, reseñando publicaciones al respecto, etc.,  de alguna forma, por la exposición que tienes de esos contenidos, casi por inercia lo que digas al respecto será una opinión cualificada. Incluso si distas de ser un genio, por decirlo así, sólo con entrar a ese engranaje, y haces las tareas propias del mismo, puedes contribuir con algo interesante aunque seas alguien de mediana inteligencia. Ahora que si una persona es muy inteligente o un genio, todo eso se potencia mucho más. Esto lo digo con el afán de mostrar que la academia, al menos en lo que la filosofía se refiere, es una maquina que produce inteligencias donde antes sólo había neuronas funcionales.
Alejandro:
    También podríamos decir que la academía es una maquina que crea otras máquinas que crea autómatas, que repiten lo que dicen sus maestros. Ese es otro peligro.
Eduardo:
    Sí, también. Es como un método y hay que sacarle partido a sus ventajas pero cuando quieres participar en él y no usas sus reglas eres descuartizado y visto como rebelde. No me refiero a la caza de plazas únicamente sino a la manera misma en que se escribe algo o al dictar una ponencia. Corres el riesgo de ser considerado un chiste o un farsante si no te apegas a las reglas del juego. Eso es algo bueno y malo a la vez porque es un candado contra charlatanes pero muchas veces le pone camisa de fuerza a la originalidad.
Alejandro:
   Genios como fue el caso de Wittgenstein.
Eduardo:
    Hay charlatanes que se cuelan y pasan desapercibidos. También hay genios que, como Wittgenstein, hacen lo necesario para sobrevivir en la jungla pero la norma quizás es que el que tiene el verdadero temple académico es el que se matiene en el sistema y el que mejor saca provecho de sus ventajas. Los charlatanes serán excluidos, y los genios causan compasión, no sabemos qué hacer con ellos.
Alejandro:
    Al final todo eso da igual lo que hagan o no con los genios y charlatanes y su papel en la academia.  Lo que se queda y lo que sobrevive son los textos y ahí es donde se distingue el trabajo filosófico haya sido fuera o dentro de la academia, los textos son los que hablan por sí mismos.
Eduardo:
    Para quien tiene los medios de producción, como tú, es fácil decirlo pero: ¿qué hara el genio sin imprenta en la bodega?, ¿lo leerán?, ¿lo publicarán? Me voy, el mundo es un enigma.